lunes, 1 de diciembre de 2008

DACIL LOPEZ UNA CANTANTE TINERFEÑA EN GIRONA, EN BARCELONA, EN CATALUNYA




Calaluña, Catalunya , una región o nación que permite y crea novedades musicales que se mueven por su interior.


El panorama musical español está marcado mayoritariamente por sus músicos de zona centro y sur.


Es decir en su política de dominio del resto del horizonte español, raramente deja respirar cultural o musicalmente hablando al resto. Dentro de ese resto nos encontramos con Canarias y Catalunya.


De ambos lados aparece un nombre típicamente canario Dácil. Una cantante catalana de origen canario.


Integrada en la conocida “Banda del Zurdo”, también posee su propio grupo musical.


que se llama Dácil Sexy Sextet. Sus componentes son 6 (de ahí el juego de palabras entre sexy y sexteto).


Sus miembros son los siguientes:


Dacil López: voz y composición


Marce-lí Bayer: Saxo alto, soprano, clarinete y flauta


Marco Mezquida: Piano


Nico Sánchez: Guitarra


Miguel Serna: contrabajo


Cristobal Massis: Batería


TRAILER DE LA PELÍCULA "PACTAR CON EL GATO" (Joan Marimón-2007). DÁCIL LÓPEZ Y MIREIA TEJERO NOMINADAS AL GALARDÓN DE MEJOR MUSICA ORIGINAL EN LOS PREMIOS DE CINE DE BARCELONA (2007)


Grandes creador@s de todos los tiempos, entre ell@s: David Bowie, Nina Simone, Nick Drake, Concha Buika, Camarón, Billie Holiday, Gabor Winand, Jaume Sisa, Jimi Hendrix, el son cubano,el punk, la psicodelia, los boleros y el jazz.



Próximos conciertos ( verlos todos )
22 nov 2008 22:00
Bruno Oro: presentació "Napoli" Sala Clap (Mataró)
28 nov 2008 22:00
Bruno Oro L’Auditori (Barcelona)
3 dic 2008 22:00
Dácil Sextet Cara B (Gràcia)
7 dic 2008 3:00
Dácil López y Mireia Tejero (Las Reinas) Sala Hangar (Vinaròs)
10 dic 2008 22:00
Dácil Sextet El Col.leccionista (Gràcia)
8 feb 2009 20:00
Dácil Sexy Sextet Sala Monasterio (Barceloneta)
28 feb 2009 22:00
Dácil Sexy Sextet & Marcel.lí Bayer Sextet Espai Jove Bocanord (Barcelona)
17 abr 2009 22:00
Dukkun La Mirona (Girona)
28 may 2009 20:30
Dácil Sexy Sextet Robadors 23 (Barcelona)
21 sep 2009 20:30
Dácil Sexy Sextet Jazz Sí Club (Barcelona)

Dácil: su último blog [Suscríbete a este blog]

EN EL TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA (ver más)

CANTANTE DE LA COMPAÑÍA SOL PICÓ (2003-2007) (ver más)

"L'ÈXIT TRUCA A LA PORTA" (Article al diari "El Punt") (ver más)

NOMINADA A LA MEJOR MUSICA ORIGINAL por el Festival de Cinema de BARCELONA (2007) (ver más)

ZOILO LOBO: Artista Plástico: pintor, escultor, fotógrafo..músico (ver más)

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ACERCA DE DACIL

Dácil López Pérez Nace en el Puerto de la Cruz (Tenerife) y reside en Barcelona desde muy pequeña.


A los 14 años comienza sus estudios musicales en el Conservatorio del Liceo de Barcelona cursando guitarra clásica y lenguaje musical.

Cursa grado medio y parte del superior en la escuela de jazz y música moderna Taller de Músics de Barcelona.

Cursa dos cursos de Educación de la Voz subvencionados por la Generalitat de Catalunya y la UPC. Ha asistido a varios seminarios de jazz y música moderna y máster clases con: Luciana Souza, Ana Finger, Maureen Scott, Freddy Lafont, Jon Robles, Bob Sands..

Ha tomado clases particulares de canto con: Erroll Woisky, Xavi Garriga, Rebeca Cárdenas, Ester Formosa, Susana Doménech, Mariona Castelar, Helen Rowson, Viv Manning, Ana Finger, Jon Robles, Laia Cagigal. Clases de improvisación con: Jon Robles, Agustí Fernández, Ana Finger... Curso de composición con Guillermo Klein Actualmente cursa el grado superior en la especialidad canto-jazz en el E.S.M.U.C (Escola Superior de Música de Catalunya)

En su trayectoria profesional: -Cantante solista en los espectáculos de la Cia.

De Danza Sol Picó :”Amor Diesel”, “La Prima de Chita” con estreno en el Festival Temporada Alta ’07 de Tarragona, Temporada Alta de Girona’07, y Grec’07 de Barcelona y « La Dona Manca o Barbie Superestar » galardonada esta última con dos premios Max de las artes escénicas con estreno y residencia en el Teatre Nacional de Catalunya y con gran éxito de crítica y público en su gira española y europea que se prolonga durante tres años. -

Actuación en la película “Pactar con el Gato” de Joan Marimón (2007) nominada a varios premios por el Festival de Cine de Barcelona, entre ellas a la mejor música original. -

Cantante solista en “La Banda del Surdo” con el espectáculo “Dukkun”: subvencionado por el Festival Temporada Alta de Girona y gira por Cataluña dentro del Festival de Percussions de Catalunya. -

Cantante solista en el grupo de cabaret “Las Reinas” con residencia en el Forum de les Cultures’04, actuaciones en diversos festivales de teatro y música (Tàrrega, Valladolid...) y cuyo último espectáculo “Breaking Eggs” ha sido subvencionado por el ICIC (Institut d'Indústries Culturals de Catalunya) -

Con su propio combo de jazz diversas actuaciones (Grec’03 en el CCCB, Festival Shakespeare de Santa Susanna’05...) - Cantante y actriz en e espectáculo de Cine Mudo y variedades “Slapstick", cantante titular de la empresa“BAT Audiciones Musicales” (2000-2003) - Cantante y compositora en los grupos “Istigkeit” y “Psiconautes” considerado este último por la SGAE como uno de los ejores discos del rock en catalán. -

Ha colaborado con: Jaume Sisa (en el disco “Visca la Llibertat”). (2000), Cia. De Dansa Nats Nus, Electrocugat, Víctor Nubla, Iván Santaeulária, Krishoo Monthieux, Oriol Tranvía,... -

Actualmente compagina sus estudios en la Escuela Superior de Música de Catalunya con su actividad profesional como cantante y compositora en “La Banda del Surdo” y como líder de su proyecto
“Dácil”.


¡¡NEW ALBUM!! :

"LA BANDA DEL SURDO"!! "DUKKUN"!!


NEBULOSA CARINA

Estrellas masivas en

la nebulosa Carina

Estrellas masivas en la nebulosa Carina

Imagen del día 1 de Diciembre de 2008 traducida por Luis Vicente

¿Cuánta masa pueden llegar a tener las estrellas? Las estrellas de gran tamaño tienen vidas cortas que pueden llegar a afectar a sus entornos en gran manera. Sin embargo, aislar una de estas estrellas con un telescopio no es sencillo. Un problema frecuente es que lo que a primera vista puede parecer una estrella brillante puede resultar ser en realidad un grupo de varias estrellas muy cercanas las unas a las otras. Esto es lo que sucedía con dos de los objetos más brillantes del cúmulo abierto Trumpler 16, situado en la nebulosa Carina .


Un estudio detallado del telescopio espacial Hubble confirmó que WR 25, el objeto más brillante de la imagen de hoy, se compone de al menos dos estrellas independientes. Además, también se pudo determinar por primera vez que Tr16-244, justo por encima de WR 25, también es un conjunto de al menos tres estrellas diferentes. A pesar de todo, el miembro más brillante de WR 25 tiene una masa estimada de 50 veces la del Sol, siendo así una de las estrellas más masivas que se conocen. Los vientos de estas estrellas so probablemente el factor más importante en la formación de la inmensa burbuja en la que se encuentra el cúmulo.

La nebulosa Carina contiene nubes de polvo de formas poco comunes, así como la famosa estrella variable Eta Carinae . La nebulosa se encuentra a unos 7.500 años-luz de distancia en dirección a la constelación de la Quilla del Barco (Carina ).

domingo, 30 de noviembre de 2008

VIVIR BAJO LOS VOLCANES

Vivir bajo la sombra

de los volcanes

de Indonesia

Escrito por: Andrew Marshall

volcanes.jpg
Foto de John Stanmeyer


Los dioses deben de estar inquietos



El infierno está a punto de desatarse, pero Udi, un campesino sexagenario del poblado de Kinarejo en la isla indonesia de Java, se niega a moverse. Se niega aunque sólo cuatro y medio kilómetros separan Kinarejo del humeante pico del monte Merapi. Se niega a pesar de que las columnas de gas tóxico y los nerviosos trazos de los sismógrafos señalan una inminente explosión. Se niega aunque el gobierno haya ordenado una evacuación completa. “Aquí me siento a salvo –dice–. Si el guardián no se mueve, tampoco lo haré yo”.



El Merapi es un asesino por naturaleza. Se eleva casi 3 000 metros sobre los bosques y campos, y está clasificado entre los volcanes más activos y peligrosos del mundo. Su nombre, de hecho, significa “montaña de fuego”. En 1930, una erupción de este volcán mató a más de 1 300 personas; incluso en épocas menos mortíferas, las columnas de humo se mueven amenazadoras desde la cumbre. Conforme el estruendo del volcán alcanzaba su clímax en mayo de 2006, miles de personas huyeron de las fértiles laderas y se asentaron a regañadientes en campamentos improvisados a altitudes menores y más seguras. Incluso los monos residentes descendieron en manada.



No lo hicieron Udi ni los habitantes de su poblado, quienes siguen el consejo de un octogenario con una deslumbrante dentadura postiza y que gusta de los cigarrillos mentolados: Mbah Marijan, el guardián del Merapi. Marijan tiene uno de los empleos más extraños en Indonesia o, para el caso, de cualquier otra parte. Él carga en sus delgados hombros con la suerte de los pobladores como Udi y de los 500 000 residentes de Yogyakarta, una ciudad situada a 32 kilómetros hacia el sur. Su responsabilidad consiste en realizar los rituales concebidos para apaciguar a un ogro que se cree habita en la cumbre del Merapi. Esta vez, los rituales parecen haber fallado. Las advertencias se vuelven más apremiantes. Vulcanólogos, altos mandos militares e incluso el vicepresidente de Indonesia le suplican que abandone el lugar. Se niega rotundamente. “Su obligación es venir a hablar conmigo –informa a la policía–. La mía es permanecer aquí”.



La conducta de Marijan podría parecer suicida en cualquier otra parte, no así en Indonesia, un archipiélago de 17 500 islas que abarca los confines occidentales del hiperactivo Anillo de Fuego. Se trata de una zona de violencia geofísica, una unión de placas tectónicas en colisión que a lo largo de más de 40 000 kilómetros circunda el Pacífico. La geografía le ha repartido a Indonesia un albur: en ninguna otra parte viven tantas personas tan cerca de tantos volcanes activos, 129 de acuerdo con un conteo. Tan sólo en Java viven 120 millones de personas bajo la sombra de más de 30 volcanes, cercanía que ha probado ser fatal para más de 140 000 personas durante los últimos 500 años.



La muerte causada por un volcán adopta diversas formas: lava abrasadora, lodo sofocante o los tsunamis que suelen seguir a una erupción. En 1883, el monte Krakatau (que en español también acepta la grafía Krakatoa) situado frente a la costa de Java, provocó un tsunami que cobró más de 36 000 vidas. Para Marijan, sin embargo, una erupción no representa tanto una amenaza como un brote. “El reino del Merapi se está expandiendo”, dice haciendo un gesto con la cabeza hacia la ardiente cima. En Indonesia, los volcanes no sólo son parte de la vida, son la vida misma. La ceniza volcánica enriquece los suelos; en Java los agricultores pueden obtener tres cosechas de arroz en una temporada. Los de la vecina Borneo, en la que sólo hay un volcán, no pueden.



En un plano menos terrenal, los volcanes se hallan en el centro de un complejo conjunto de creencias místicas que atrapan a millones de indonesios e influyen en los acontecimientos de maneras inesperadas. Sus picos atraen tanto a santos varones como a peregrinos. Sus erupciones auguran cambios políticos y agitación social. Podría decirse que en Indonesia los volcanes son un crisol cultural en el que se mezclan, o no, el misticismo, la vida contemporánea, el islam y otras religiones. Indonesia es un conjunto de razas, religiones e idiomas unido por los volcanes. La veneración que se tiene por ellos es prácticamente un rasgo nacional.



Si el Centro de Mitigación de Desastres Geológicos y Vulcanológicos, el organismo estatal que mantiene ocho estaciones sismológicas zumbando en el Merapi, representa a la ciencia moderna, Marijan, el guardián del volcán, es la Indonesia más mística. Se dice que cuando un excursionista holandés se perdió en el volcán en 1996, Marijan hizo desaparecer la espesa neblina y lo halló lesionado en un barranco. De la noche a la mañana, los vulcanólogos del gobierno han aumentado la alerta a su máximo nivel. El domo de lava podría derrumbarse en cualquier momento. ¿No se ha enterado Marijan?



Las súplicas no lo impresionan. Las alertas son apenas suposiciones de hombres muy alejados del espíritu del volcán. ¿Venirse abajo el domo de lava? “Eso es lo que señalan los expertos –dice sonriendo–. Pero un idiota como yo no ha visto ningún cambio desde ayer”.



EL LEMA DE INDONESIA, “Bhinneka tunggal ika” –unidad en la diversidad–, hace referencia a alrededor de 300 grupos étnicos y a más de 700 idiomas y dialectos. El gobierno reconoce oficialmente seis religiones: el islam, el catolicismo, el protestantismo, el budismo, el hinduismo y el confucianismo, pero el misticismo penetra en todas ellas y desnuda sus raíces animistas. Sumatra, la enorme isla localizada al noroeste de Java, es el hogar de los batak, convertido al cristianismo por los misioneros europeos en el siglo xix. Sin embargo, muchos siguen creyendo que el primer ser humano descendió del cielo en una vara de bambú hasta el monte Pusuk Buhit, un volcán activo ubicado en las riberas del lago Toba. Los tengger, hinduistas que viven en los alrededores del monte Bromo en Java oriental, periódicamente lo escalan en medio de las asfixiantes nubes sulfurosas para arrojar dentro del cráter dinero, legumbres, pollos y, de vez en cuando, alguna cabra. De igual modo, en Bali, que es principalmente hinduista, los volcanes son sagrados; ninguno lo es más que su pico mayor: el monte Agung, de 3 000 metros de altura. Se afirma que un bali-nés auténtico conoce su ubicación con los ojos cerrados, y muchos lugareños duermen con la cabeza apuntando hacia el volcán.



En 1963, una catastrófica erupción del monte Agung mató a 1 000 personas. Otras murieron de hambre después de que las cenizas asfixiaran sus cultivos. “El propio suelo bajo nuestros pies temblaba con las sacudidas perpetuas de las explosiones”, escribió un testigo ocular. Sin embargo, lo que alguna vez se denominó furia divina ahora se considera una bendición. Con la roca y la arena que arrojó la erupción se construyeron hoteles, restaurantes y villas para la multitud de visitantes extranjeros, que comenzaron a llegar en los setenta. Pese a los ataques de terroristas islámicos en 2002 y 2005, que mataron a más de 220 personas, el turismo aún es la mayor industria de Bali. La marea creciente del turismo no ha levantado a todo el mundo; 700 personas del poblado de Trunyan se apretujan en un bastión de montaña cerca del monte Batur. Sus destartaladas casas se aferran a una astilla de terreno a lo largo de un lago en una vasta caldera. Los pobladores pescan en piraguas y cultivan en los escarpados muros de la caldera. Aunque el turismo ha traído un desarrollo vertiginoso al resto de Bali, el apreciado aislamiento de Trunyan significa ahora marginación económica. Los ancianos miran impotentes cómo las nuevas generaciones siguen el mismo camino que la roca y la arena de Batur hacia los pueblos y ciudades de Bali. “Aquí no hay empleos, no hay oportunidades”, admite Made Tusan, maestra en la única escuela de Trunyan.



Como si el malestar económico no fuese suficiente, una catástrofe ocurrida hace poco se agregó a la letanía de aflicciones. Una higuera de Bengala gigante que había brindado sombra al poblado durante siglos se vino abajo durante una tormenta, aplastando el templo del poblado, aunque la estatua sagrada de Dewa Ratu Gede Pancering Jagat, la deidad local, se salvó milagrosamente. Uno de los ancianos del poblado, I Ketut Jaksa, culpa del desastre a los políticos y hombres de negocios balineses. Él “no va a dar nombres”, dice con cautela, pero insiste en que hicieron enojar a la deidad del volcán al rezar para progresar en sus carreras mientras pasaban por alto el creciente deterioro de Trunyan. Otras personas culpan a la nueva carretera, que hace poco conectó al poblado con el resto de Bali, acabando con su aislamiento y dejándolo abierto a la contaminación espiritual.



EN INDONESIA, se acepta como un hecho que la locura puede desatar catástrofes naturales. Erupciones, terremotos, incluso la caída de una higuera de Bengala, desde hace mucho tiempo, se han visto como votos de desconfianza cósmicos a un gobernante, de lo cual es dolorosamente consciente el presidente del país, Susilo Bambang Yudhoyono.



Dos meses después de la toma de posesión del presidente en octubre de 2004, un terremoto y un tsunami golpearon la provincia de Aceh en Sumatra y cobraron 170 000 vidas. Un terremoto sacudió Sumatra tres meses después, matando quizá a 1 000 personas. Entonces el monte Talang hizo erupción, obligando a miles de pobladores a abandonar sus hogares. Un mensaje de texto en cadena iluminaba los teléfonos celulares, implorando a Yudhoyono que realizara un ritual para detener las calamidades. “Señor presidente –decía el mensaje–, le rogamos que sacrifique 1 000 cabras”. Yudhoyono, ex general con un doctorado en economía agrícola, se negó públicamente. “Incluso si sacrificara 1 000 cabras –anunció–, en Indonesia no terminarían las catástrofes”.



No terminaron. Hubo más erupciones: una certeza estadística en el país repleto de volcanes. Una catástrofe siguió a otra: un terremoto, un tsunami, inundaciones, incendios forestales, deslizamientos de terrenos, dengue, gripe aviar y una erupción de lodo. Descarrilaban trenes, se hundían transbordadores y, después de tres graves accidentes de avión, un editorial del Jakarta Post aconsejaba a los viajeros aéreos que rezaran.



Se decía que el cúmulo de tragedias que persiguió al presidente podía explicarse por su poco auspiciosa fecha de nacimiento y por el nombre de su vicepresidente, Jusuf Kalla, que tenía un triste parecido con el de un monstruo devorador de hombres llamado Batara Kala. En medio de nuevos llamamientos para que realizara un ritual que acabara con la mala racha, el presidente Yudhoyono y su gabinete se unieron a una plegaria colectiva en la Gran Mezquita de Jakarta. “Nada fuera de lo común”, insistió su vocero, pero a todas luces la destacada reunión tenía como finalidad disipar el temor nacional.



Otros políticos hacen un llamado directo a los espíritus. Miembros del Partido Indonesio de Unidad Nacional y Fusión se reunieron en las alturas de las laderas del Merapi para llevar a cabo un mitin político revestido de rituales, aun cuando el volcán estaba a punto de estallar. Encabezada por Arief Koesno, un corpulento ex actor que se cree la reencarnación del primer presidente de Indonesia, Sukarno, la ceremonia comenzó con el sacrificio de nueve cabras y terminó con una desordenada danza en círculo de los miembros del partido.



“Después de esta ceremonia –declaró Koesno–, estoy seguro de que el Merapi no entrará en erupción”.



Tres días después, el volcán erupcionó.



A MEDIDA QUE LAS COSAS SE CALIENTAN alrededor del Merapi, decenas de reporteros acuden al lugar para cubrir el plantón protagonizado por Marijan, el primer guardián del Merapi en la era de los medios de comunicación. En poco tiempo, su rostro y las palabras “Presidente del Merapi” adornan camisetas en toda Yogyakarta. Con la finalidad de reunir fondos para sus empobrecidos vecinos de Kinarejo, Marijan aparece en un anuncio televisivo de una bebida energética. El kraton, como se conoce el palacio de altos muros del sultán en Yogyakarta, le paga a Marijan, quien heredó de su padre su trabajo de guardián del Merapi, el equivalente a un dólar al mes. En la cosmología javanesa tradicional, el kraton se posa sobre una línea invisible entre el monte Merapi y el cercano Océano Índico. El sultán, a decir de una publicación del palacio, es “una persona elegida por los dioses [cuya coronación es precedida por] un mensaje sobrenatural”. Además de la labor cotidiana de gobernar Yogyakarta, el sultán también es responsable de aplacar a la poderosa diosa marina llamada Ratu Kidul, y al ogro guardián del Merapi, Sapu Jagat.



Una mañana, llegan soldados. “No quiero irme”, les dice Marijan con toda la firmeza que su chirriante voz es capaz de transmitir. “Quizá me vaya mañana. Quizá, pasado mañana. Es cosa mía”. Luego dirige sus pasos hacia la mezquita del poblado. Entre las obligaciones de Marijan puede estar aplacar a un ogro que habita en el volcán, pero también es un musulmán devoto que reza plegarias cinco veces al día. Dos días más tarde, el domo de lava se derrumba. El tránsito se estanca en el centro de Yogyakarta cuando los automovilistas miran boquiabiertos la abrasadora avalancha de rocas que cae a toda velocidad por el flanco occidental del Merapi, en dirección contraria al poblado de Marijan. Gracias a la oportuna evacuación, nadie resulta herido.



Un mes después, el domo de lava vuelve a derrumbarse, esta vez hacia el sur y dos socorristas perecen bajo dos metros de ceniza caliente. De nuevo, la fortuna (¿o es acaso la deidad del volcán?) perdona al poblado de Marijan. En la pertinaz observancia de su deber, Marijan se ha enfrentado no sólo a las autoridades, sino también a su propio jefe, Hamengku Buwono X, el sultán, quien respaldó el llamamiento del gobierno a una evacuación.



Hamengku Buwono X –el nombre significa “sustentador del universo”– encabeza una dinastía que data del siglo xviii. Muestra su retrato oficial en el atuendo completo de la corte javanesa, con una daga curva dentro de su magnífico sarong de batik. Su indumentaria cotidiana consiste en un traje oscuro impecablemente confeccionado, de preferencia Armani. En su oficina, durante una entrevista, fuma un grueso puro Davidoff. Detrás de él cuelga un gran cuadro de un volcán. “No es el Merapi –dice con displicencia–. Es el Fuji”.



Aunque la tradición exige que emplee a Marijan, Hamengku Buwono X, licenciado en leyes, no cree en los espíritus que supuestamente habitan en los volcanes. Es un musulmán progresista que ha instado a los habitantes de Yogyakarta a considerar las erupciones del Merapi desde una perspectiva científica. El sultán cree que “Un gran país no puede construirse sobre mitos pesimistas”.



La relación entre el sultán y Marijan es incómoda, por decir lo menos. Los dos habitan polos opuestos: el sultán moderno contra el guardián místico. Marijan informa a los reporteros que evacuará el lugar si se lo ordena el sultán, pero no se refiere al actual gobernante. Su sultán es el muy querido Hamengku Buwono IX, padre de Hamengku Buwono X, quien nombró a Marijan como guardián y que murió hace casi 20 años. “Yo sigo al noveno sultán –afirma–. Él era el hombre que estaba en el kraton la última vez que visité el lugar”.



En opinión de Marijan, el mayor error del actual sultán es permitir a hombres de negocios extraer del Merapi miles de metros cúbicos de roca y arena. “Él no es el sultán –dice Marijan tajante–. Es tan sólo el gobernador”. Marijan no es el único que desaprueba al sultán. Algunos habitantes de Yogyakarta acusan a Hamengku Buwono X por convertir esta capital cultural en una ciudad de centros comerciales y de pasar demasiado tiempo en el campo de golf. Añoran el consuelo de los añejos rituales y critican al sultán por descuidar las ceremonias a las que su padre asistía habitualmente. En 2006, fue notoria la ausencia del sultán en un ritual anual para bendecir las ofrendas dedicadas al ogro Sapu Jagat y la diosa marina Ratu Kidul. Las ofrendas (que incluyen comida, flores, tela y recortes del cabello y de las uñas de las manos del sultán) se hacen para asegurar la alineación sagrada entre el volcán, su palacio y el Océano Índico y, por lo tanto, la seguridad del pueblo.



Menos de dos semanas después de la primera gran erupción del Merapi en 2006, ocurrió un fuerte sismo al sur de Yogyakarta, que mató a más de 5 000 personas. El palacio y los cementerios reales también resultaron muy dañados, un pésimo augurio para el sultán, que ya era blanco de la indignación pública por la lenta distribución de los fondos de socorro.



Se imponía la contención de daños a su imagen pública. Incluso un sultán moderno no puede escapar a la fuerza de las antiguas creencias. Con su presencia o sin ella, las ofrendas rituales anuales debían hacerse. De manera que el personal del sultán dispuso las ofrendas en el patio dañado por el terremoto para una breve ceremonia, luego las colocaron en autos que las esperaban y se dirigieron a toda prisa con dos rumbos distintos. El primer conjunto de ofrendas fue llevado a la casa de Marijan. A la mañana siguiente, el guardián caminó hasta un pabellón apenas a un kilómetro de distancia del pico del volcán donde, en medio de árboles partidos a la mitad por el más reciente flujo piroclástico y el impacto de los cantos rodados, oró solemnemente sobre las ofrendas del sultán.



Un segundo conjunto de ofrendas fue llevado hacia el sur a Parangkusumo, la playa del Océano Índico donde, según la leyenda, Senopati, ancestro del sultán que vivió en el siglo xvi, conoció a la diosa marina Ratu Kidul. Miles de casas quedaron reducidas a escombros entre los arrozales. En Parangkusumo, el personal del sultán enterró sus recortes de cabello y de uñas de las manos cerca de la playa, en un recinto separado con una cerca donde dos piedras en las que se habían esparcido flores marcaban el sitio del antiguo encuentro. Otras ofrendas fueron lanzadas a las olas.



Es agosto. Han transcurrido tres meses desde la última erupción importante del año. Aunque sigue activo, el Merapi se ha tranquilizado. Los residentes atribuyen la calma a las oraciones de Marijan y a su presencia en el volcán. Pero en Indonesia la calma dura tanto como una columna de humo.



EL ANTAGONISTA en la ecuación es el islam militante. Radicalizados por acontecimientos como el 11 de septiembre de 2001 y la invasión estadounidense a Irak, grupos que abogan por una versión más austera del islam han adquirido fuerza e influencia, impulsados por la percepción de que este es la cura para los males de Indonesia, sobre todo la pobreza y la corrupción. Algunos gobiernos locales han introducido medidas basadas en la sharia, la ley islámica, que exige el arresto de mujeres que no llevan pañoleta en la cabeza o azotes públicos a parejas adúlteras.



Los islamistas militantes dirigen su atención al misticismo, convencidos de que tales prácticas contaminan la fe. Los socorristas islámicos que llegaron a Yogyakarta después de la primera erupción del Merapi en mayo de 2006 hicieron el voto de perturbar los rituales celebrados en el volcán, mientras que en Yakarta integrantes de un grupo islámico juvenil cortaron a hachazos las ramas de una higuera de Bengala sagrada para demostrar que no tenía poderes mágicos. “Las personas solían creer que cosas como los sepulcros y los árboles de gran tamaño eran sagrados”, afirma Muhammad Goodwill Zubir, uno de los dirigentes de la Muhammadiyah, organización cuyo interés central es hallar formas pacíficas de purgar la fe musulmana de influencias preislámicas, incluso la veneración “herética” de los volcanes. “A medida que la Muhammadiyah se difunde en estas zonas, tales creencias desaparecen”, dice Zubir. Aun así, hay hombres, como Satria Naradha, que creen que el misticismo no sólo sobrevivirá, sino que florecerá. Naradha es propietario del periódico principal y el canal de televisión más importante de Bali. Los lugareños admiran al magnate de los medios de comunicación, de cuarenta y tantos años de edad, por dirigir los espléndidos rituales que el presidente Yudhoyono mira con tanto desagrado.



“Los volcanes son los tronos de los dioses”, explica Naradha. “Son la máxima fuerza de la naturaleza, una fuerza que puede sustentar o destruir la vida”. Naradha contribuye a financiar un ambicioso programa de construcción de templos hinduistas en toda Indonesia, en especial en volcanes activos. Además de reunir casi un millón y medio de dólares para terminar un templo en el monte Rinjani en Lombok, tiene planes de construir otro en el monte Tambora en Sumbawa, lugar donde en 1815 ocurrió la mayor erupción que se haya registrado en la historia. Por supuesto, espera edificar algún día un templo en el monte Merapi.



La armonía parece difícil de lograr en un país dividido por una multitud de creencias y de idiomas, y el incesante estira y afloja entre el mundo moderno y las antiguas tradiciones. El hinduismo proselitista, el islam militante, el antiguo misticismo: ¿Cuál de ellos prevalecerá? Quizá todos. Quizá ninguno. La globalización se extiende por Indonesia como un monzón. Una nueva generación diestra en internet no venera a los volcanes, sino a los grupos musicales asiáticos formados por jóvenes y a los clubes de futbol ingleses.



Pero no hay que descartar a los volcanes todavía. Hace poco el Golkar, el partido político más grande de Indonesia, realizó su reunión anual en Yogyakarta. Y se espera que su ambicioso líder, el vicepresidente Jusuf Kalla –el mismo que tenía un nombre poco auspicioso–, busque la presidencia en 2009.



En el salón de baile del Hyatt, cuyas paredes están revestidas de teca, Kalla presenta al invitado de honor como un hombre “decidido y capaz de tomar decisiones en cualquier situación de riesgo”.



Se trata, desde luego, de Mbah Marijan. ¿Quién mejor que el presidente del Merapi para lanzar una campaña al cargo más alto del país?



Vea más fotos de los volcanes de Indonesia, haga click aquí.

GORILAS

Familia de gorilas



Escrito por: Mark Jenkins

gorilas.jpg
Foto de Ian Nichols


En presencia de gigantes


Gritos resonantes y rápidos golpes en el pecho anuncian a un patriarca en el triángulo de Djéké del Congo. Kingo y su familia de gorilas de las tierras bajas occidentales han permitido que los investigadores observen su conducta en la intimidad.


Esta es la historia de una familia sin igual: el monstruoso patriarca solitario y sus cuatro esposas, cada una con su propio hijo, y la huérfana de madre, George, son 10 seres íntimamente unidos, en su propio mundo, viviendo cada largo día en un paisaje barroco, sofocante, donde pululan bichos y mariposas. Conozca a las cuatro compañeras del macho: Mama, Mekome, Beatrice y Ugly. Mama quizá sea la matriarca dominante, pero Mekome es la favorita del patriarca, y todos lo saben. Beatrice, bondadosa y benévola, de buena gana lo ignora todo. Por último, Ugly es antisocial; evita a toda la familia. Cada madre se dedica por completo a proteger y estimular a sus propios vástagos. Mama y Mekome tienen crías pequeñas, Kusu y Ekendy, compañeros de juego que constantemente hacen travesuras. Beatrice y Ugly tienen recién nacidos a los que llevan a todas partes: Gentil, alerta y curioso, y Bomo, de largas extremidades.


Hoy, como todos los días, el patriarca de anchos hombros se alimenta solo. A nadie se le permite estar cerca de él cuando come. Es mediodía, el calor y la humedad son sofocantes. Unas abejas sin aguijón zumban cerca de sus oídos, las moscas cubren su alimento, pero él no lo nota. Se sienta con su abultado vientre sobre los muslos, mastica como un rumiante y mira a su alrededor con una expresión aburrida. Después del almuerzo, es hora de la siesta. Se recuesta en la sombra calurosa, extiende sus poderosos brazos, inhala profundamente, expande su musculoso pecho, y en un instante se queda dormido. Mekome hábilmente se desliza cerca de él y se acuesta. Beatrice alegremente comienza a amamantar a Gentil; la distante Ugly alimenta a Bomo; George se pone cómoda sola, y las crías empiezan a jugar. Kusu y Ekendy son demasiado jóvenes como para tomar la siesta. Mientras sus madres dormitan, los medios hermanos retozan cerca de su padre, que ronca. Se persiguen incesantemente, se tiran uno al otro y dan volteretas, luchan, gritan y ríen. Cuando su desenfrenada diversión se acerca demasiado al durmiente papá, él gruñe y ellos se alejan corriendo, pero su enorme magnetismo pronto los trae de regreso. Cuando el semental finalmente se despierta, lleva a su familia a dar un paseo por el bosque. Las crías permanecen junto a él, imitando cada uno de sus movimientos. Sus parejas lo siguen detrás. Cuando él se detiene o avanza, ellos también lo hacen. Kingo, un gorila de espalda plateada de 150 kg, es realmente el rey de la selva.



KINGO Y SU FAMILIA son gorilas de las tierras bajas occidentales que viven cómodamente en una extensión de selva protegida que abarca las fronteras de la República del Congo y de la República Centroafricana. Protegido por el Parque Nacional de Nouabalé-Ndoki, al oriente, y el Parque Nacional Dzanga–Ndoki en la República Centroafricana, al occidente, el territorio donde viven es una de las últimas grandes regiones de selva tropical virgen que quedan en la cuenca del Congo. Aun así, los bosques cercanos han sido talados, lo que a menudo abre el acceso a los cazadores furtivos que matan a los gorilas para obtener su carne. Sin los esfuerzos de Diane Doran-Sheehy, una profesora de antropología de la Universidad Estatal de Nueva York Stony Brook, la selva de Kingo ya habría desaparecido.



Desde 1995, Doran-Sheehy ha pasado hasta seis meses al año estudiando a los gorilas. La zona que eligió fue parte de una concesión de tala de árboles, pero en 2004, en colaboración con la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje, ayudó a persuadir a la compañía de productos forestales Congolaise Industrielle des Bois a cederles a los gorilas 100 km2 de selva, llamada el triángulo de Djéké. Durante su primer año, con becas de la Sociedad National Geographic y la Fundación Leakey, Doran-Sheehy estableció el Centro de Investigación de Mondika, cerca del río Mondika, y contrató a un equipo de pigmeos baka de la República Centroafricana para encontrar a los animales y observarlos. Al contrario de los gorilas de montaña de Virunga, que suman menos de 700, los gorilas occidentales habitan en las selvas pantanosas, a unos 100 metros sobre el nivel del mar. (Los gorilas se clasifican en cuatro subespecies: de montaña; de las tierras bajas orientales, o de Grauer; de Cross River, y de las tierras bajas occidentales; más los de Bwindi, una subpoblación de gorilas orientales). Nadie sabe cuántos hay, pero han disminuido a un ritmo alarmante. Devastados por el virus ébola y restringidos por la pérdida de su hábitat, su población quizá se haya reducido más de la mitad desde los años noventa, cuando las estimaciones sugerían que se componía de alrededor de 100 000 ejemplares. En septiembre de 2007, su situación se modificó de especie en peligro de extinción al peligro crítico de extinción. Aun cuando todos los individuos que se encuentran en los zoológicos del mundo son gorilas occidentales, poco se sabe acerca de su conducta en la naturaleza.



Doran-Sheehy vino a la cuenca del Congo a averiguar la manera en que la búsqueda de alimento conforma la conducta social de los gorilas; supuso que los de las tierras bajas occidentales debían consumir una dieta distinta a la de sus primos en las montañas. Los gorilas de montaña tienen pelo largo, grueso y de color negro para mantenerlos calientes en el clima frío, mientras que los de las tierras bajas occidentales tienen pelo corto y delgado que, en la cabeza, puede ser de color pardusco a rojo brillante.



Criaturas tímidas y muy cautelosas, los gorilas esquivan los encuentros con los seres humanos, uno de sus pocos depredadores naturales. Pero para estudiarlos, usted debe poder observarlos. Y para observarlos tiene que acostumbrarlos a su presencia. Se requirieron seis largos años para que Doran-Sheehy y su equipo simplemente localizaran y observaran a la familia de Kingo, a cuyos miembros les dieron nombres. Les tomó otros dos años ganarse la confianza de la familia. “La habituación no podría haberse logrado sin los rastreadores baka –dice Doran-Sheehy–. Ellos conocen la selva, entienden a los gorilas, y sus destrezas como rastreadores son impresionantes y esenciales”.



Patrice Mongo, un infatigable investigador congolés con una maestría en Antropología, es el director de campo en Mondika. Él supervisa las actividades diarias de los rastreadores baka, y tiene una fe casi mística en sus habilidades.


“Evolucionaron en la selva –dice en una noche en el campamento de Mondika, espantando con la mano a unas hormigas voladoras en la titilante luz de una vela–. Pueden ver, olfatear y oír cosas que nosotros no podemos”. Mongo, de 38 años de edad, explica que la palabra kingo significa “voz” en mbenzele, la lengua de los rastreadores de Mondika. “Al principio de la habituación, incluso sin verlo, los rastreadores pudieron distinguir sus vocalizaciones particulares de las de otros espalda plateada en la zona. De esa manera nos acercamos por primera vez a Kingo. Tenía un rugido muy particular, emitido desde lo más profundo del pecho”.



Doran-Sheehy pronto confirmó, como sospecharon ella y otros que la precedieron, que la dieta de los gorilas occidentales y la de los de montaña difiere de manera radical. Estos últimos comen principalmente hierbas. La dieta de los gorilas de las tierras bajas occidentales es más diversa, ya que se compone de frutas, hojas y hierbas. También consumen termitas, así como hojas de ngombe de color verde, y la corteza de sus árboles favoritos. Durante ciertas épocas del año, los gorilas occidentales son prácticamente frugívoros; buscan manjares de la selva, como bambu, una fruta de color rojo con semillas, del tamaño de un durazno, o mobei, una fruta grande de color amarillo que se parece a una piña. En esas épocas, la fruta puede constituir de 60 a 70 % de su dieta.



En busca de sus frutas favoritas y otros alimentos, los gorilas occidentales típicamente recorren alrededor de dos kilómetros al día, una distancia casi cuatro veces mayor que la que recorren los de montaña. Doran-Sheehy ha observado que esta búsqueda extensa conforma la dinámica familiar. Los gorilas de las tierras bajas occidentales son más independientes que los de montaña. Si bien muestran cariño entre sí, se acicalan con poca frecuencia, no tienen mucho contacto físico, y cada individuo pasa un tiempo considerable solo. Eso significa que las hembras, e incluso los jóvenes, a veces pueden estar relativamente lejos de la seguridad del espalda plateada, lo que en ocasiones le dificulta a Kingo proteger a su familia.



ESTA MAÑANA LOS RASTREADORES se mueven rápidamente por la selva; con elegancia, eluden enredaderas y saltan raíces como lo han hecho toda su vida. “Pueden descubrir una hoja torcida en una pequeña planta –me había dicho Doran-Sheehy–, y con base solamente en este dato, determinan la dirección que tomaron los gorilas”.


Sigo los pasos del rastreador de mayor edad. Repentinamente se detiene, se arrodilla, recoge una hoja y señala hacia el suelo. Hay una huella de nudillo apenas visible en la tierra húmeda. El rastreador empieza a chasquear la lengua suavemente. Otro responde con tres chasquidos de intensidad creciente.



Este es un lenguaje simple que los investigadores de gorilas crearon para anunciarles su presencia. El chasquido de la lengua le dice a Kingo y su familia, “sólo somos nosotros, las mismas criaturas extrañas que ven todos los días, las que no les harán daño, no tomarán su comida ni raptarán a sus hembras”.


Los rastreadores baka siguen múltiples senderos comunicándose por medio de tenues chasquidos. Luego de 10 minutos, todos han convergido en un sendero, trotando en fila india. Quince minutos más tarde, han encontrado a los gorilas. La familia se encuentra 30 metros arriba, en un árbol, desayunando. Kingo está cómodamente arrellanado en la unión de dos ramas grandes, donde arranca las hojas de los árboles para comerlas con fruición, como si fueran dulces. Kusu y Ekendy corren intrépidamente por encima y por debajo de una rama como si sólo estuvieran a un metro del suelo.



Las dos crías jóvenes, aunque buscan alimento para sí, aún toman leche materna. Cada una tiene alrededor de dos años de edad, y no empezarán a alcanzar la madurez sino hasta los 11 o 12 años. Para entonces, lo más probable es que aún no tengan pareja y vivan solos en la selva, esperando el momento de iniciar su propio harem. Las hembras alcanzan la adultez a alrededor de los siete u ocho años, y comienzan a buscar una pareja. Calcular la edad de Kingo es como intentar resolver un acertijo, pero Mongo cree que tiene alrededor de 25 a 30 años. Si los gorilas de las tierras bajas occidentales y los de montaña viven casi el mismo tiempo, Kingo deberá vivir alrededor de 35 años. “Todavía hay mucho por investigar”, dice Mongo, en voz baja. Se desconoce la edad de las hembras, excepto por George, que tiene unos ocho años de edad (y que fue confundida con un macho cuando era pequeña, de ahí su nombre, al cual el equipo se acostumbró). George, la única adolescente, es la hembra de menor rango, una posición nada envidiable. Su madre, Vinny, posiblemente al sentirse desatendida en el aspecto sexual (puede ser difícil, incluso para el espalda plateada más viril, satisfacer a un harem), siguió el ejemplo de la primera compañera que se separó de Kingo, Ebuka, quien se marchó en 2005 y trató de buscar un compañero que le prestara más atención. Una vez que se fue Vinny, Beatrice cuidó de George. Pero cuando nació Gentil, Beatrice volcó su atención en el recién nacido.



Las hembras por lo general paren una sola cría tras ocho y medio meses de gestación y la alimentan durante tres o cuatro años. Cuando terminan de amamantarla, están listas para volver a aparearse. La mortalidad de las crías puede ser de hasta 50 % (todas las parejas conocidas de Kingo han perdido por lo menos una cría); cuando un hijo muere, la madre reanuda su ciclo de estro de inmediato. Así fue como Ugly quedó embarazada apenas dos meses después de que Samedi fue aniquilado por un leopardo. Una vez que Kingo ha consumido toda la comida que, con pereza, puede alcanzar, decide comenzar el descenso: toma una liana del grosor de una guindaleza y se desliza hacia el vacío como un bombero. En minutos, el resto de su clan, uno por uno, ha bajado por la resistente enredadera.



Su trayectoria por la selva es desalentadoramente errática. A la izquierda, a la derecha, de nuevo a la izquierda; Mongo registra cada cambio de dirección en un dispositivo GPS. Sin embargo, Kingo sabe adónde va, y pronto llega a su destino, un gigantesco árbol del género Gambeya. Es el final de la temporada seca, y hay poca fruta bambu en el terreno. Kingo desgarra un pequeño globo de color rojo, mastica la pulpa, desecha la cáscara. Kusu, muy cerca de él, toma la cáscara y la roe. Avanzan despreocupadamente por la selva comiendo hierba cuando George descubre una fruta mobei en el suelo. Con hambre, empieza a mondarla con los dientes mientras se mantiene en silencio para escabullirse de sus parientes. No tiene suerte.




Kingo, siempre pendiente de la comida de cualquier clase, olfatea la fruta o escucha a George comiendo. De inmediato, él manifiesta su enfado y brama. George se encoge, y él la derriba y le arrebata la fruta de la mano. George gime y se escabulle mientras Kingo se echa al piso sobre su estómago gordo, apoya los codos en el suelo y come. “La comida es todo para Kingo”, susurra Mongo. Comer, dormir, desplazarse. Comer, dormir, desplazarse. Esa es la vida de un gorila.



El territorio total de la familia de Kingo es de alrededor de 15 km2; algunas zonas se superponen con los territorios de otras familias de gorilas. Al menos otros nueve grupos habitan secciones del sitio donde vive Kingo. Los gorilas de las tierras bajas occidentales no son territoriales, y sus encuentros relativamente frecuentes con otros grupos de gorilas a menudo son sorprendentemente pacíficos. En contraste, los grupos de gorilas de montaña casi siempre son agresivos con otros; se golpean el pecho, gritan, y atacan. Doran-Sheehy ha demostrado que los machos dominantes en las familias de gorilas occidentales podrían estar emparentados (como hermanos, medios hermanos, o padres e hijos), lo que tal vez ayude a explicar su notoria tolerancia con los demás.



Por la tarde, Kingo se desplaza rápidamente. Se mueve de manera tan veloz que lo perdemos. Pero los rastreadores no están preocupados. Saben adónde va Kingo: al pantano. A la mañana siguiente tardamos dos horas en alcanzar a los gorilas. Las huellas descienden hacia estanques de agua de color verde y cieno, en el que nos hundimos hasta la entrepierna, por debajo de un techo de lianas llenas de espinas. Aun así, cuando finalmente llegamos a un claro, es una escena tan idílica como la selva misma.



Mariposas del tamaño de aves revolotean en el brillo del sol; arañas tan grandes como la mano de un niño se asolean en las raíces; las ranas cantan, las libélulas surcan el aire rápidamente, los bichos zumban y se escuchan los trinos de toda clase de aves. Justo en medio está Kingo. Se encuentra sumergido hasta el pecho en una laguna, tirando de las raíces fibrosas de hierbas del pantano kangwasika, lavándolas en el agua, y después succionándolas como si fueran espagueti. No podría estar más contento.



En realidad, toda la familia parece complacida. Por supuesto, ninguno de ellos puede acercarse a Kingo, pero cada uno ha encontrado su propio lugar en la luz del sol. Ugly está a cierta distancia, cargando con delicadeza a Bomo, como si estuviera a punto de bañarlo. Kusu y Ekendy se oyen pero no se ven, chocando alegremente por los juncos. George no se ve ni se oye. BeatriceMekome avanza seductoramente hacia el estanque de Kingo, y Mama está trepada en un árbol comiendo termitas con destreza. amamanta tranquilamente en su propio pedazo sereno de pantano.



Simplemente, son una gran familia feliz.



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